Para esta sesión se nos pidió ir
vestidos con ropa cómoda y que pudiéramos ensuciar, la verdad nadie sabía bien
a lo que íbamos.
Lo primero que hicimos fueron
ejercicios para soltar y calentar el cuerpo, para entrar en confianza y en la
actitud necesaria para que pudiéramos desarrollar el resto de las actividades.
Las dos actividades que más nos
llamaron la atención a la gran mayoría, fue la conversación entre espaldas y la
intimidad que se puede lograr con las manos.
En el caso de la conversación entre
espaldas, era una historia del contacto que puede existir entre dos personas
solo por la espalda, la comunicación que se puede lograr sin hablar y sin siquiera
mirarse a los ojos; solo el movimiento, la rapidez, la intensidad y la conexión
que se logra con quien realizas la actividad, es suficiente para entender lo
que este quiere expresar o contar.
La actividad de las manos fue
mucho más íntima, el tocarse las manos con los ojos cerrados, permite que se
abran los sentidos y que olvides quien está al lado o al frente tuyo, eres solo
tú con una mano ajena, mano con la que creas afinidad y compartes un espacio
tan íntimo en donde brota por si sola la palabra cariño.
Fue una experiencia con
resultados muy variados entre mis compañeros, a algunos les resulto muy
cercana, interesante y llenadora la actividad, el hecho de generar tal grado de
contacto y cercanía con alguien y más importante el hecho de que no importara
quien era ese alguien, eran objetivos más que cumplidos con la actividad. Pero,
por otro lado, a muchos les paso que, por timidez, inseguridad o por el simple
hecho de no sentirse cómodos con ese contacto tan cercano les resulto mucho más
incómoda y difícil la actividad.
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