jueves, 19 de mayo de 2016

No es quien soy, sino quien somos

Para esta sesión se nos pidió ir vestidos con ropa cómoda y que pudiéramos ensuciar, la verdad nadie sabía bien a lo que íbamos.
Lo primero que hicimos fueron ejercicios para soltar y calentar el cuerpo, para entrar en confianza y en la actitud necesaria para que pudiéramos desarrollar el resto de las actividades.
Las dos actividades que más nos llamaron la atención a la gran mayoría, fue la conversación entre espaldas y la intimidad que se puede lograr con las manos.
En el caso de la conversación entre espaldas, era una historia del contacto que puede existir entre dos personas solo por la espalda, la comunicación que se puede lograr sin hablar y sin siquiera mirarse a los ojos; solo el movimiento, la rapidez, la intensidad y la conexión que se logra con quien realizas la actividad, es suficiente para entender lo que este quiere expresar o contar.
La actividad de las manos fue mucho más íntima, el tocarse las manos con los ojos cerrados, permite que se abran los sentidos y que olvides quien está al lado o al frente tuyo, eres solo tú con una mano ajena, mano con la que creas afinidad y compartes un espacio tan íntimo en donde brota por si sola la palabra cariño.

Fue una experiencia con resultados muy variados entre mis compañeros, a algunos les resulto muy cercana, interesante y llenadora la actividad, el hecho de generar tal grado de contacto y cercanía con alguien y más importante el hecho de que no importara quien era ese alguien, eran objetivos más que cumplidos con la actividad. Pero, por otro lado, a muchos les paso que, por timidez, inseguridad o por el simple hecho de no sentirse cómodos con ese contacto tan cercano les resulto mucho más incómoda y difícil la actividad. 


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