En la sesión de este día ya íbamos
todos un poco más preparados, ya sabíamos de que más o menos se trataba, aunque
las actividades no serían para nada similares.
La dinámica inicial fue más o
menos similar a la de la semana anterior, jugamos un poco, calentamos el cuerpo
y la cara, saltamos y por supuesto nos reímos. En esto ocupamos mucho menos
tiempo en comparación a la sesión anterior, ya que empezamos la clase
aproximadamente una hora más tarde.
La sesión de drama comenzó con la
caracterización de los protagonistas de turno, y una posterior pequeña intervención,
en donde había un dueño de casa muy particular que organizaba una fiesta
sorpresa. Fue todo mucho más fluido que la vez anterior, puede ser porque a lo
que le tocaba actuar eran menos vergonzosos, o porque el hecho de que ya habíamos
tenido una sesión antes, permitió que estuvieran todos más experimentados y confiados para enfrentar esta clase.
Luego la actividad cambio
completamente, ya no se trataba tanto de interpretar un personaje o un
estereotipo, si no de interpretar o dejar salir el más profundo grito de cada
uno. Debían pasar de a uno al centro del escenario y hacer una descarga con el
mayor sentimiento, rabia, emoción y valentía posible. Podía ser tanto una confesión
personal, como algo inventado en el momento.
Siento que esta fue una actividad
potente en muchos sentidos, el solo hecho de pasar de a uno al centro del
escenario, obligaba a que la actitud de cada uno
de los que estaba ahí, fuera muy distinta a lo que se vivió la semana anterior;
y más aún el hecho de tener que expresar algo que para muchos era muy difícil de
decir. Para algunos fue muy fácil, pero para otros fue un verdadero desafío.



