jueves, 14 de abril de 2016

¿Así soy yo?

Hola, la sesión de esta semana estaba programada para que realizáramos mascaras con yeso de nuestra propia cara, nos reunimos en grupos para así poder trabajar más eficientemente, donde unas se encargaban de cortar las vendas de yeso, otras preparaban las mesas en donde íbamos a trabajar, y otras se arreglaban para ser las primeras en plasmar su cara sobre este material.
Como éramos varios por grupo y era la primera experiencia de esta actividad, resulto un poco desordenada la fabricación de la primera mascara, muchas manos y mucha emoción puestas en una cara. Al secar el yeso y poder retirar la máscara, se generaba un ambiente de expectación por la reacción que podía tener la primera en recibir la impresión de su rostro en un yeso. Era sorprendente como cada una examinaba este objeto, se buscaba dentro de él, lo tocaba y lo relacionaba consigo mismo, y es que nuestra cara es nuestra carta de presentación, por lo que se nos diferencia a unos de otros, es la primera y más superficial parte de nuestra identidad.
Resulta lógico entonces la dedicación y cuidado con la que tratamos a nuestra mascara y la preocupación por no confundirla con otra, de marcarla o guardarla para que no hubiera espacio a la confusión de si esa era realmente mía o no.
Cuando me tocó a mí, me preocupé mucho que mi cara quedara bien marcada en el yeso, y por eso les pedí a mis compañeras que fueran lo más cuidadosas posibles. La sensación de estar siendo enyesada es por una parte relajante, ya que es como recibir un especie de masaje, pero por otro es incómodo, porque te impide mover la cara, reírte, hablar, es decir te limita fisicamente.

Dejo algunas fotos que dan cuenta del proceso de la actividad.


               

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