Hola, la sesión de esta semana
estaba programada para que realizáramos mascaras con yeso de nuestra propia
cara, nos reunimos en grupos para así poder
trabajar más eficientemente, donde unas se encargaban de cortar las vendas de
yeso, otras preparaban las mesas en donde íbamos a trabajar, y otras se
arreglaban para ser las primeras en plasmar su cara sobre este material.
Como éramos varios por grupo y
era la primera experiencia de esta actividad, resulto un poco desordenada la fabricación
de la primera mascara, muchas manos y mucha emoción puestas en una cara. Al
secar el yeso y poder retirar la máscara, se generaba un ambiente de expectación
por la reacción que podía tener la primera en recibir la impresión de su rostro
en un yeso. Era sorprendente como cada una examinaba este objeto, se buscaba
dentro de él, lo tocaba y lo relacionaba consigo mismo, y es que nuestra cara
es nuestra carta de presentación, por lo que se nos diferencia a unos de otros,
es la primera y más superficial parte de nuestra identidad.
Resulta lógico entonces la dedicación
y cuidado con la que tratamos a nuestra mascara y la preocupación por no
confundirla con otra, de marcarla o guardarla para que no hubiera espacio a la confusión
de si esa era realmente mía o no.
Cuando me tocó a mí, me preocupé
mucho que mi cara quedara bien marcada en el yeso, y por eso les pedí a mis
compañeras que fueran lo más cuidadosas posibles. La sensación de estar siendo
enyesada es por una parte relajante, ya que es como recibir un especie de
masaje, pero por otro es incómodo, porque te impide mover la cara, reírte,
hablar, es decir te limita fisicamente.
Dejo algunas fotos que dan cuenta
del proceso de la actividad.


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